Autora : Nariel Springfield 12 may. 2015


El golpeteo de las palmípedas patas de uno de los patos sobre la madera al corretear consiguió sacarla de sus más profundos sueños. La madera del pasillo de los camarotes crujía con cada paso, a lo cual había que añadir las carcajadas de Sylvia. Cuando las niñas despertaban era ya imposible dormir en el barco. Se llevó la mano a los ojos y los acarició con suavidad, quitándose parte de las legañas al hacerlo. La noche anterior había decidido quedarse a dormir en el Patito de Goma con Macarra. Una mala decisión, y no era que no lo supiera de antes. Cogió aire y lo dejó escapar lentamente antes de incorporarse y estirarse largamente. A su lado Macarra dormía aún plácidamente, con unos simples pantalones de tela y el torso al descubierto, sobre el cual reposaba, como siempre, aquella pequeña llave que para muchos no significaba nada pero para ella significaba el mundo. Su vida. Con cuidado de no despertarle se reclinó sobre él y depositó un casto beso en la comisura de sus labios, un gesto que todavía no había realizado con él despierto. Dejó escapar una risita cuando le escuchó murmurar entre sueños y se levantó. El Patito de Goma había empezado a despertar, así que era hora de llenarse el estómago.

Tras vestirse y peinarse un poco, salió del camarote, cerrando tras de sí la puerta. Pero justo cuando iba a dar un paso para salir a cubierta, un enorme pato apareció frente a ella, a varios meros, correteando.

─¡Cuack! ─Tras aquel sonido se escuchó una risa infantil.

─¡Corre, Eusebio, corre! ¡Que nos pilla Brotes!

─¡Cuack! ¡Cuaaaack! ─Se apartó a tiempo, justo antes de que aquel enorme pato australiano pudiera arrollarla. Sobre él iba Sylvia, una de las tantas adopciones exprés que su jefe había hecho en los últimos meses sin consultar con nadie. Aunque tenía que reconocer que desde que Anne y Sylvia estaban en el barco, el humor de todos había cambiado a mejor.

─¡Buenos días Jacky! ¡No dejes que Brotes me cojaaa!

─Buenos días, enana. A mí no me metas en…

─¡Sylvia, vamos, que tienes que bañarte! ─Por la puerta del pasillo apareció un agotado Brotes. Ya desde primera hora de la mañana aquel pobre pirata estaba persiguiendo a la pequeña─. ¡Ah! Buenos días Jacky.

─Buenos días. Cuidado que se te escapa la niña, papá pato.

─No te cachondees, que en estos temas Macarra y tú salís perdiendo, ¿eh? ─No puedo evitar reír con él.

─¡Ay! ¡No vale que saques manos del sueloooo! ─gritó Sylvia desde el pasillo colindante.

─Bueno, voy a por mi presa. El desayuno ya está listo, así que ve antes de que acaben con todo. ─Y sin más, Brotes se alejó a la carrera de nuevo. La pelirroja negó con un leve movimiento de cabeza antes de seguir su camino. A medida que se acercaba a cubierta, el jaleo era mayor. Y aunque a veces se quejara de ello, en verdad tanta energía a primera hora de la mañana conseguía hacerla feliz. ¿Cómo no serlo teniendo a los mejores nakamas del mundo?

Al salir a cubierta, se apoyó en uno de los barrotes, observando desde arriba la larga y enorme mesa plagada de platos muy variados, entremezclándose comidas típicas de Arabasta, con paellas de Dressrosa y distintos platos de pescado de Water Seven. Cocinero se manejaba mejor que bien en la cocina. Bueno, y por lo que ella sabía, también en otros campos. Sonrió cuando le vio subir las escaleras y le dedicó una amplia sonrisa, lo que hizo que el joven enarcara una ceja, deteniéndose a su lado.

─¿Ocurre algo?

─Nada, solo recordaba viejos tiempos.

─Pues no pienses en alto, no vaya a escucharlos el Gorila y se líe. ─Los dos se sonrieron y el muchacho, tras recolocarse las gafas, volvió hacia la cocina.

─¡Capi, capi! ¡Baja a desayunar, que está todo muy rico! ─Era imposible no ver a Anne. Como siempre, se había acoplado sobre los hombros de Pato, su Jefe, el que la había sacado de Dressrosa en su día, y si ya era grande de por sí, con otro cuerpecito encima, por muy diminuto que fuera, se le veía aún más. Anne alimentaba aquel espíritu infantil del que hacía gala el yonkou, y si a eso se le añadía la presencia de Beli, otra de los yonkous tan inocente e infantil como una niña de cinco años, el cóctel era aún peor. Pero… ¿Qué demonios? Aquella era su familia, aquellos eran sus nakamas.

─¡Ya bajo! ─exclamó, dejando escapar un suspiro. Risas, gritos, peleas y buen rollo desde primera hora de la mañana. Nunca en su vida había sido tan feliz como en aquel barco. Un día cualquiera en el Patito de Goma, para ella, se convertía en uno de los mejores días de toda su vida.

***

En un principio este post iba a ser para enseñaros el regalito de cumpleaños que me ha hecho Kao, que me ha encantado, pero es que ha sido verlo y pensar "Tengo que escribir algo para esta imagen". El dibujo que me ha hecho contiene a varios personajes nuestros que solemos usar en nuestros roles, en este caso en uno de One Piece donde nos reímos lo que no está escrito, y es que les quiero tanto que cualquier excusa es buena para escribir sobre ellos un poquito. Gracias, Kao, por este pedazo de regalo (que voy a hacer en póster, que lo sepas =P), y no solo por eso, sino por todo, gracias por estar ahí, por transmitirme tu buen rollo, tus ganas de hacer cosas, tus sonrisas, por aguantar mis llantinas, mis mosqueos,... Por aguantarme a mí en general. Y este relato es también para ti, porque cuando estoy en blanco, nuestros niños son capaces de devolverme la inspiración para seguir adelante con mis trabajillos. ¡Gracias mi niña!

Y vosotros, si no conocéis a Kaoru Okino, ya estáis tardando, porque es una señora artistaza de los pies a la cabeza. os voy a dejar aquí los links a su tumblr, twitter y a su webcómic Ugnis (que, por cierto, ganó el premio al mejor webcómic de Expomanga 2015). Y a vosotros, cerecitas... ¡os veo en el próximo post!

Ugnis (webcómic): http://ugnis.subcultura.es
Ugnis (En papel): http://imagion.es

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