Autora : Nariel Springfield 15 jun. 2015


El sol de aquel cálido 13 de agosto empezaba a esconderse, despejando el cielo para la llegada de la luna. Había salido a primera hora de su casa, tras dejar a Sirius en casa de su padre con las niñas, y se había pasado todo el día caminando por Londres, intentando poner en orden, una vez más, todos aquellos sentimientos que parecían superarla. No recordaba un día de cumpleaños tan amargo como aquel, donde la sensación de vacío, de estar a la deriva en el mar de su vida, era lo único que parecía atenazar su alma. Llevaba horas caminando sin rumbo, mirando sin ver y oyendo sin escuchar. Desde aquel amargo día, desde que toda su vida se habría resquebrajado del mismo modo que lo había hecho la máscara de su marido, había intentado ser fuerte. Pero no lo era. Nunca lo había sido y era consciente de ello. Era pura fachada. En un principio la había creado para alejar a aquellos que se metían con ella, para parecer más fuerte de lo que realmente era: reaccionaba de manera violenta ante los insultos, se metía en peleas, y nunca lloraba delante de nadie. Y poco a poco, esa misma actitud la tomó ante sus amigos, ante sus familiares, para que no sufrieran por ella. La misma actitud que la había llevado a apartar sus sentimientos cada vez que Ger se acercaba ella, que la había hecho sobreponerse a los golpes de la vida ante sus seres queridos. La misma actitud que la había llevado a pasar aquel trigésimo primer cumpleaños sola, con la única compañía de sus pensamientos. No quería celebrar nada, no tenía nada que celebrar.
Decidió tomar asiento en una cafetería. Pidió un café solo bien cargado y se sentó en una de las mesas más apartadas, de espaldas a todo el mundo. En su cabeza se repetían una y otra vez aquellas imágenes: la máscara de mortifago resquebrajándose, revelando la identidad de quien la portaba, de aquel mortifago que extrañamente había querido salvarla de los ataques de Nate… La cara de su marido. Apretó los puños y se mordió los labios para aguantar el llanto. En aquel momento había sentido cómo su corazón se rompía, como toda la ilusión que había sido su matrimonio explotaba como un globo. ¿Qué había hecho mal? ¿No se había esforzado lo suficiente en darle lo que quería? ¿Quizá había sido demasiado egoísta al aceptar el trabajo en Hogwarts además de estar en el Ministerio como auror? ¿Le había descuidado sin querer? Esas preguntas pasaban una y otra vez por su mente, quedándose sin respuesta. Quizá, había pensado, estaba siendo demasiado dura con Denis.
─Pensaba que lo nuestro superaría todas las dificultades. ─Las palabras de Denis se le clavaban en el corazón como mil puñales. Recordarlas hizo que una lágrima rodara por su mejilla mientras mantenía la mirada perdida en el fondo de su taza de café─. No era mi intención hacerte daño, todo este tiempo luché para hacerte feliz. Aunque alguien como yo no pueda traer más que mal a este mundo. ─No era verdad. Había conseguido hacerla feliz, y le había dado lo más grande del mundo, que eran sus tres hijos. Sabía que era capaz de crear cosas buenas, de dar lo mejor de él, porque durante muchos años habían sido felices─. Siempre que me necesites solo dilo en voz alta y acudiré a ti, da igual donde estés y en qué situación, sabré llegar hasta donde estés.
─Yo te necesito ahora… ─susurró, dejando que las lágrimas camparan libres por sus mejillas. Podría intentarlo de nuevo, ser más dedicada con él, darle más de su tiempo… Pero enseguida volvía a su mente la sonrisa de Daniel, la escena de su madre muerta a sus pies, aquella mirada de asco mientras la observaba, prácticamente destrozada, como si fuera una sucia rata. Y sintió náuseas. No, no podía volver a mirar a Denis a los ojos sin recordar aquello. Que le hubiera dado su lealtad a quien mató a su madre superaba todas sus fuerzas.
Se limpió las lágrimas tras coger aire, se bebió el café de golpe y dejó el dinero sobre la mesa. No podía seguir allí, necesitaba aire. Se sentía ahogada, al borde de un ataque de pánico. Y no podía dejar que eso ocurriera. Mucho menos en un lugar tan concurrido como una cafetería.

Caminó nuevamente por las calles de Londres, con las manos metidas en los bolsillos de su peto vaquero. El sol se había ocultado por completo y el cielo era ya el reino de la luna, que observaba toda la ciudad con gélida magnificencia. Todo Londres estaba iluminado y, casi sin querer, sus pasos la habían llevado a un lugar que para ella era muy especial: the London Eye. Aquella enorme noria significaba para ella mucho más de lo que podía significar para aquellos emocionados turistas que se agolpaban frente a las taquillas con el deseo de poder ver Londres desde el cielo. Para ella había sido la panacea para sus miedos, aquel lugar especial donde su madre y ella habían compartido largas charlas acerca del sentido de sus vidas, donde le había contado tantas cosas… Y donde había tenido lo que ella consideró, en silencio, su primera cita. Aunque había sido con Ger, aquel día había sido el más especial de su vida hasta entonces, y jamás lo olvidaría. Sin saber cómo, aquel extraño muchacho, a quien había conocido por casualidad, se había convertido a sus quince años en su primer amor, en alguien que despertaba sentimientos y sensaciones que hasta entonces había desconocido, que la había hecho desear cosas inimaginables. Alguien que, sin esperar nada a cambio, la había cuidado como nadie antes lo había hecho. Y se había enamorado de él tan rápido y de una manera tan intensa, que a veces se sentía al borde des desmayo cuando le tenía cerca. Si con Denis todo había sido más lento, más tranquilo y las cosas habían aflorado a un ritmo más normal, con Ger había sido un verdadero huracán de sentimientos. Un huracán que permanecía dormido en algún rincón de su corazón.
Pagó el ticket para poder montar y se subió a una de aquellas cápsulas tan modernas que casi parecían sacadas de una película muggle de ciencia ficción. Se sentó, subiendo los pies al borde del asiento y rodeando sus piernas con los brazos. ¿Y si hubiera sido tan egoísta como para hablar abiertamente de sus sentimientos por Ger? ¿Y si se hubiera esforzado por haber sido alguien más importante? ¿Habría cambiado su vida? Se llevó la mano al cuello, acariciando el tatuaje que dejaba constancia de lo importante que había sido para ella. De lo importante que seguía siendo. Esbozó una triste sonrisa y negó. No podría haber hecho eso. Él era feliz, tenía una buena vida y no iba a quitarle eso. Jamás se lo perdonaría. Ger se había convertido, con el tiempo, en algo platónico, en ese amor inalcanzable, pero a la vez en su mayor apoyo, en su mejor amigo junto con Zabe. Y ellos eran su mayor fuerza.
Se levantó, caminando hacia el enorme ventanal que servía como mirador para poder observar Londres a sus pies, para ver cómo aquella enorme capital era tan pequeña que parecía insignificante. Y aquello era lo que debía hacer con sus sentimientos, con aquel dolor: hacerlo insignificante. Porque tenía grandes amigos, muchos más de los que jamás habría imaginado. Sin saber cómo, había pasado a sus quince años de tener tan solo a Einar a juntarse con un montón de personas que, en aquel momento, formaban su vida. Personas especiales, con las que había sufrido, junto a las que había luchado y por las que volvería hacerlo sin pensar. Ellos eran aquella Noria, quienes podían elevarla por encima de sus problemas, eran su red. Sin olvidar a sus hijos, por quienes daría la vida una y mil veces si fuera necesario.
Aunque hubiera perdido en el amor, aunque sintiera su corazón roto, era muy afortunada de tenerlos. Ellos, y solo ellos podrían sacarla de su oscuridad. Sacó su teléfono móvil y buscó en la agenda el nombre de Einar, llamando al que había sido el primero de sus amigos.
─¿Si?
─Einar, ve cancelando todos los planes que tengas y llama a todos. Quiero que vayáis a mi piso en una hora.
─Joder, rubia, ¿ha pasado algo? No me asustes, que ya me cambié de calzoncillos. ─Aquello le arrancó una carcajada y negó. Los necesitaba, claro que sí.
─No, no ha pasado nada. Solo quiero celebrar algo a vuestro lado.

***

Este relatillo lo escribí hace ya unos meses a raíz de un rol de Harry Potter que tenía con mi amiga Kao (y que por ahí anda XD). Me apetecía compartirlo con todos vosotros, simplemente, y espero que disfrutéis leyéndolo tanto como yo escribiéndolo en su día. ¡Hasta la próxima, cerecitas!

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